Mis Escritos

Mis escritos

son gratutitos

copia y pega

y ya está.

Los derechos de autor son demasiado caros

son la excusa del depredador

para hacer dinero fácil

a costa del escritor.

Por eso prefiero confiar

en que se reconocerá mi autoría.

Por eso, yo regalo mi trabajo

siempre que reconozcan mi autoría...

Copia y pega y es todo tuyo,

con mi nombre en el final.

Gracias

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jueves, 10 de enero de 2008

La loca citadina (soneto caudato monorrimio)

Lasa, lastimada, lastimera y lastimosa
andas por el mundo como sombra de una diosa,
vives en las urbes natural y melindrosa
con la cruenta carga de una muerte dolorosa.

Sufres de recuerdos que remembran una cosa;
un error humano que te hiciera muy famosa,
ese asesinato por defensa ignominiosa
de una violación, de una afrenta deshonrosa.

Ya no está tu padre, quién hiciérate su esposa
ante la lascivia de pasión indecorosa;
ya no está ese cerdo ni la daga esa filosa
con qué lo degollaras…en esa noche umbrosa.
Tan sólo quedas tú; desnuda y peligrosa,
vagando por las calles vacilante y muy nerviosa.

Tan sólo la demencia te ha hecho tenebrosa,
con la belleza extraña que te luce más hermosa.

miércoles, 9 de enero de 2008

Afuera

Afuera, a la intemperie
los sueños desgarrados
se retuercen moribundos
sin consuelo ni ilusiones.


Dejemos toda ilusión tras las puertas,
adentro, en este cuarto
tú y yo, tan reales, tan creíbles
tan multi-dimensionales
desde el alba hasta el olvido.

Dejemos la ilusión tras la puerta,
adentro, en nuestros ojos,
la censura ya no existe
ha sido degollada por el hacha de reencuentros,
ha sido desintegrada por las luces pasionales
de un incendio de emociones.
Las tristezas de tus ojos,
cicatrices de desplantes e ironías y silencios
son dos grandes fogaradas,
son ardientes llamaradas
que incineran esos vientos
forjados con dolor,
las tristezas de tus ojos
son umbrales al amor
son umbrales, son portales
a la ausencia y al amor.

Ah rencor malvado

Ah rencor malvado
que ahogas a mi princesa
con pericia y con destreza
en un lagrimal salado.

Ah rencor cargado
de culpa y vergüenza tiesa.
De los pies a la cabeza
degüellas todo lo amado.

Ah rencor olvidado
que regresas nuevamente
con tu astucia inclemente
a dañar lo desahuciado.


Juguete de cieno

Soy esclavo de tu sombra,
soy paje de tu encanto,
la verdad es que no sé
porqué te quiero tanto.

y mi aliento te busca
bajo el sol de un invierno
que no deja de amarte,
que persigue tu cuerpo
y mi hálito te agravia
con los ojos de un muerto,
un cadáver sin tiempo,
sin dolores ni sueños,
sin tu aroma soy nada
más que olvido y silencio,
sin tu amable sonrisa
soy juguete de cieno

Confesiones.

Señor mío, soy afásico
y quisiera ser trifásico;
pero en nada ayudan las neuronas
cuando se alborotan las hormonas
y mi sangre sube hasta la frente.

Señor mío, me desmiente
y yo quedo como autista
e interior malabarista.
Caigo en honda catalepsia
adornada por dispepsia
de mentiras e ideales
todos sobrenaturales.

Señor mío, son banales
sus alardes de consciencia;
ese ataque de impaciencia
es clamor de diatomea
y aunque usted nada me crea;
le aseguro que es lo mismo
la alta cima que el abismo
cuando tiembla un fuerte sismo.

martes, 8 de enero de 2008

Paseos de zombis en luna llena

Paseo de zombis en luna llena
rondando esteros de fiel capricho,
no quedan fieras en la alacena
tan sólo sangre y algunos bichos.

Paseo de tumbas en la avenida
colmando llantos, rindiendo gritos,
la vida es muerte, la muerte es vida
los astros arden muy circunscriptos.

Y si un vampiro contara un cuento
y si una momia pintara un lienzo
¿cuánto silencio transporta el viento?
¿cuánto dolor? , dolor de incienso.

Paseo de cuitas en noche oscura
¡cuántos agravios, cuánta locura...!


Perro y "no perro" soy.

Perro y "no perro" soy
pues mi amor emancipado
es un tanto libertino
y otro tanto consagrado.


Perro y "no perro" soy
porque estando enamorado,
te deseo con tal furia
que me siento acorralado.


Mis aullidos por tu cuerpo
son clamores desde el alma
y sólo un orgasmo bendito
puede darnos paz y calma.


Y luego empezar otra vez
en este carrusel en flor
regalado por tu tez
y por el más profundo amor.


Soy perro y soy "no perro"
vestido de luz y sombra,
a mis ansias yo me aferro
descubriéndote: pasión.


¿Y viste?, que si desvistes
ésta, mi andrajosa piel,
te deslumbrará mi brillo
y te amargará mi hiel.


Cal y arena, sal y azúcar
están en mí como viga
y como a la fresa amargosa
no falta quien me persiga.


Pero te quiero solo a ti
por tu inocencia atrevida.
Por tu bondad y tu gracia
presto daría la vida.


Soy perro y soy "no perro"
en mi vivir cotidiano;
puedes nutrir mi soledad
y puedes darme tu mano...


Seremos seres humanos
en busca de lo divino
que se oculta en lo mundano.

¡Tendremos el mismo sino...
...si me extiendes tu mano!

Reflexiones.

Gárgolas serpenteando en la obscuridad
de una tétrica noche,
son ideas mezquinas,
son llamaradas, corrientazos, explosiones
fatuas e invisibles.

"Ojos de serpiente,

alas de murciélago,
una pizca de muérdago,
un gramo de emoliente"

¿Qué es esto?, ¿qué pasa por mi mente?

¿Hechicería en el siglo veintiuno?
¿Santero yo, de la brujería tribuno?
Ninguno, y digo en serio, ninguno
podría adivinar lo retorcido de mis pensamientos;
en el altar de las neuronas,
con sólo mirarme al rostro.

Me arrostro

a mí mismo...

¡Qué vergüenza, qué pena!

¡Qué pesada es esta cadena!
¡Qué angustiosa condena!

¿Seré malo?, ¿seré bueno?, ¿o tal vez regular?,

pero...

¡Qué es la maldad sino la ausencia de bondad!

Y si la bondad es ausencia de maldad...
ya parezco diccionario:
definiendo conceptos con el uso de antónimos,
sinónimos, homónimos y parónimos,
que nada explican
y no llevan a ninguna otra parte
excepto al círculo vicioso de la ignorancia.

Me bebo la vida de una botella de rancia soda;

me resisto, me desgasto, me entrego finalmente

Es siempre lomismo:

la enfermedad del lomo.
¡Ah!; ¡he ahí el porqué del dolor de espalda!
¡Porque tengo lomismo!...

Lo mismo de siempre:

Nada.

Sentimientos malditos.

Licántropo me siento,
sediento
de sangre marchita.

Me invita
a evadir mi suerte;
en busca de la muerte,
el claustro inevitable,
sombrío y deleznable,
de laberintos oscuros,
cuyos mohosos muros
plagados de gusanos
excitan inhumanos
deseos de venganza.

Se anuncia nueva alianza
entre insectos y serpientes;
parece que las mentes
de un mundo libertino
avanzan hacia un sino
oscuro y tenebroso.

Yo zombi horroroso,
yo muerto maloliente,
yo brujo impertinente,
me abrazo al vampirismo
víctima de un sismo
de emociones confrontadas.

Alienadas
están las esperanzas
de inútiles andanzas
en medio de la luz.

Tan sólo resta el pus
de heridas siempre fieles;
entre pócimas o hieles,
a consolar mi oscura alma
envuelta en una salma
eterna....interminable.

Sueños de cantimplora.

Soñando que soñaba que estaba soñando
sueños de cantimplora;
en un derroche de oscuridad patética,
me encontré con un ser intangible,
irreconocible, inexplicable, infranqueable.

Era...
parecía un refrigerador con brazos de atleta
y manos de periodista
y pies de portero.
Semejaba a un artista con complejo de astronauta
y pedigrí callejero.

Parecía un arenoso desierto con manguera de bombero
y ruedas de camión
y bocina de camionero.
Semejaba a un oscuro callejón lleno de ratas, gusanos, pulgas,
polillas y agujeros.

Parecía un ecuóreo rey con corona de sardinas
y aliento de tiburón
y bostezo de ballena.
Semejaba a una inmensa muralla andante,
deambulante y agresiva.

A ratos,
solo a ratos, parecía un escritor poeta
con plumas de gaviota y cardenal
y palabras de alpiste.
Semejaba a un gigantesco pavo real
blasonando su abanico.

Desperté cuando exigiste que me mirara al espejo,
pues me enfrenté conmigo mismo...
Era yo ese ser irremediable
de mi sediento sueño
de cantimplora.

Te odio, te amo

En el sabor inconcluso de la arepa
descansas tus sueños cual relleno;
tienes un dolor que sabe a mermelada,
que huele a canela, a jazmín, a romero,
tienes un olor de natural perfume
que duele como llaga, como espina,
como daga que asesina
al sentimiento...
y enaltece al pensamiento.

Tu rostro marino enmarcado por caracoles
rojizos y anaranjados,
con su sonido azul de auroras y de ocasos
me busca en la nostalgia clandestina,
tendiéndome emboscadas
y como nuez moscada
condimento tus silencios neuróticos
con miradas de orégano y de afanes rencorosos...

¿Que si te odio?
¿Que si te amo?:
Tal como el viento

que a veces es brisa
y otras veces huracán...

Tu adorado tormento.

Miríadas de latigazos y flagelaciones,
hachazos, espadazos, fusilaciones
y apocalípticos anuncios de profetas,
atraviesan mi mente como saetas
envenenadas con odios, rencores, resentimientos,
iras, reveses y encontrados sentimientos.

Las ganas de arrasar con todo
se revuelcan como cerdos en lodo
empoderándose de mis ansias subliminales…

Porque en el circo romano;
donde yo soy la bestia
tú eres el cristiano.

Porque en la revolución francesa;
yo soy la guillotina
y tú eres la duquesa.

Por eso ten la certeza;
no te quepa ya duda
ni siquiera un momento:
yo soy el que tú llamas
tu adorado tormento.

Un orbe salitroso.(liras)

Un orbe salitroso
ruge en lontananza, desesperado;
el viento armonioso
se vuelve más osado
y cubre con su manto mi pecado.

Un torbellino ansioso
descubre limpiamente su costado
en cierzo muy furioso
de toque almidonado
con máculas de frío aderezado.

Sobre las olas crasas
el colmo ya borbota acomplejado.
Alocuciones rasas
de sueño acorralado
cincélense sobre el acantilado

y roen ya las grasas
ilusiones, con arso y sosegado
golpe de grandes masas
de viento alborotado,
en aire que se muestra despiadado.

Embestirán pleamares
al pez que emerge a superficie diestro
del fondo de los mares,
trocándolo en siniestro
abuso desigual por vía del estro.

Embestirán las aguas
al son que de tu cuerpo me acompasa
rasgando en tus enaguas
sus notas de ola y masa
como ondulante plasma que se atrasa.

Atícense las fraguas
con sal, espuma, ola, llanto y gasa:
si pierdo mi paraguas
que siempre sea en tu casa
donde lo hallaré presto si algo pasa.

Embestirá con ruido
un viento portentoso huracanado
al mar, que derruido
se pica destrozado
y agita su poder amordazado.



Volviose corroído
el piélago que llora, disfrazado
de lodo enmohecido,
de aliento exhumado
que eleva hacia el cielo su pasado.

¿Embestirá el silencio
al cuerpo desprendido y desmadrado
después del nuevo ascenso
de un sueño defraudado?:
el sueño de otro llanto desahuciado.

Un orbe salitroso
aparece sobre un acantilado
salobre y polvoroso,
desierto, consumado
por furias del presente y del pasado.

Es el amedrentado
silencio ineficaz y tembloroso
que ha sido destronado
por parto estrepitoso
creado por un orbe algo escabroso.

Es tormenta mundana
la que desatan molestos los mares,
será ayer el mañana
y los vientos polares
serán tibios y de parcos cantares ...

serán brisas serenas...
acariciando arenas.

Yo, el ambiguo.

Yo, el solitario sin fronteras,
discípulo de Esopo
y Tío Tigre y Tío Conejo,
cordero al matadero de infancias agresivas
talladas por el bisturí quirúrgico,
perpetuadas en memorias consistentes.

Yo, el nunca huérfano,
el jamás hambreado,
el indisciplinado, desobediente, malhumorado,
el solitario,
el renegado,
ovejo negro teñido de negro por críticas y culpas y resentimientos.
Yo el avezado, odioso, odiado, malquerido, receloso, rencoroso, reprobado,
mutilado y desprendido por amniocéntesis,
fetalmente elucubrado:
soy yo mismo;
soy mi sombra de purgatorio vagando en el desierto,
enfrentada a paladines injustos,
amordazada por pilares de verdades absolutas,
desandando los relojes de la historia personal que me condena,
agrietando el oleaje de las ramas verdiazules
que cantaran las añejas canciones de ciudad.

Yo, el gris
de polvo,
con plomo circulando por mis venas clandestinas
y vigor de aceituna y margarina
y tormento de frutales dominados por la noche,
inspirados por el miedo al relámpago y al trueno.

Yo, el silente,
el paciente que todo lo tolera;
en danza macabra hacia el hechizo masoquista
bajo mangos poderosos de risueño amarillismo.

Yo, el intransigente,
enredado impíamente en hogueras peligrosas,
en el baile de fogatas nocturnas y brumosas
de marcada brujería intemporal.

Yo, el mágico,
el sublime, el milagroso, el santo, el ángel caído a los infiernos de esta tierra
azufrada y pestilente;
en medio de tanta gente
que; como yo,
suspira ante el futuro
clavada a las cruces del pasado.

Paren el mundo, quiero bajarme.

Habría querido bajarme del mundo
como si éste fuera un autobús;
pero este planeta no tiene parada
establecida.

En esta acera de la vida
podría descansar sobre una nube,
podría saltar a lo imprevisto
o soplar una magnolia
para esparcir su esencia.

La dependencia
hostiga cual jején avaro;
hambriento y deseoso
de mi sangre escurridiza,
cada vez que en mí aterriza.
Bajo al andén de la estación
y me quedo en silencio a mirar el túnel:
oscuro, profundo, inviolable.

En este lugar deleznable,
los trenes abarrotados
parecen inmensos gusanos,
vomitando humanos,
tragándose humanos,
cada vez que detienen
sus enormes vagones lerdos.

El ron no apaga los recuerdos
como si fueran bombillos
incandescentes,
calientes,
cegadores
e inhumanos.
El anís sí que enciende el motor
de mi idiotez.

¿Ves?
a veces quisiera ser actor
pornográfico,
para que alguien me pague por gozar
en lugar de trabajar
en esta esclavitud mal remunerada;
tan sólo a veces,
sólo a veces...

Alguien detenga el mundo
¡quiero bajarme!

Paren el mundo, quiero bajarme.

Habría querido bajarme del mundo
como si éste fuera un autobús;
pero este planeta no tiene parada
establecida.

En esta acera de la vida
podría descansar sobre una nube,
podría saltar a lo imprevisto
o soplar una magnolia
para esparcir su esencia.

La dependencia
hostiga cual jején avaro;
hambriento y deseoso
de mi sangre escurridiza,
cada vez que en mí aterriza.
Bajo al andén de la estación
y me quedo en silencio a mirar el túnel:
oscuro, profundo, inviolable.

En este lugar deleznable,
los trenes abarrotados
parecen inmensos gusanos,
vomitando humanos,
tragándose humanos,
cada vez que detienen
sus enormes vagones lerdos.

El ron no apaga los recuerdos
como si fueran bombillos
incandescentes,
calientes,
cegadores
e inhumanos.
El anís sí que enciende el motor
de mi idiotez.

¿Ves?
a veces quisiera ser actor
pornográfico,
para que alguien me pague por gozar
en lugar de trabajar
en esta esclavitud mal remunerada;
tan sólo a veces,
sólo a veces...

Alguien detenga el mundo
¡quiero bajarme!

Las vi

Las vi navegando hacia un vacío extemporáneo,
eran de clavel y de guirnalda,
eran de orquídea y de azucena,
eran de jazmín y de garmendia,
eran casi de violeta, eran casi de amapola.

Las vi. acercarse desde el ocaso
cuando el ocaso besaba a la aurora
en su boca de fauna y flora,
con un beso francés...

Las vi salir del lejano horizonte;
azules, tan azules, ¡ciertamente eran azules!
antes de oscurecerse vistiéndose de tinieblas,
eran casi neblinosas, pero azules.

Las vi partir hacia el ayer
en un viaje sin regreso ni retorno,
asustadas, inhibidas, disfrazadas de alegría
para que nadie las reconociera,
para que nadie las persiguiera
para que nadie las acosara...

Eran ellas las de antes, las de siempre,
evidenciadas por la luz polarizada
de un microscopio acartonado,
fotografiadas por una cámara digital de papel encerado.

No recuerdo quienes eran,
no recuerdo cuantas eran,
no recuerdo como eran
pero recuerdo que las vi,
etéreas y distantes...
hermosas y vibrantes...
palpitantes.

¡Sí!, ¡yo sé que las vi!

La serenidad de tu sonrisa

Mi mirada en tu sonrisa
ufana y altiva como una supernova.
Tu mirada en mi sonrisa
sangrante y profunda como herida mortal.

Te deletreo, sílaba a sílaba
y te descubro bruñida y sosegada,
¡cómo admiro la suavidad de tu calma!:
es como océano en tabula rasa.

Yo huracán, yo ciclón, yo tornado
de paradojas; persiguiéndose
centrífugamente,
concéntricamente,
¡cómo envidio la paz bosquejada en tu alma!
y la serenidad de tu sonrisa...

La nada me condona

Hilvanándome un cinismo inconcluso,
entretejo el sarcasmo irreversible.
Si me llaman tonto, necio o inservible
yo me río con la audacia de un recluso.

Si me abruma esa bruma maloliente
que pregonan mi delirio y ansiedad,
yo; devoto, me asimilo a la maldad
sublimando su poder diente a diente.

Nunca le huyo al oscuro devenir,
al contrario, me entrego con pasión
al saber y al sabor de esa canción
que; entre nieblas, me muestra el porvenir.

Pues sí, me encanta el hielo quebradizo;
me fascina pasearme por el mundo
con un aire de cierzo moribundo,
con un toque de suelo movedizo.

Me arriesgo con tesón y sin premura,
me divierto en sudar como un alud,
y dormito en mis sueños de ataúd
rallando el clamor de la sutura.

¿Qué importa si el riesgo me aprisiona?
¿Qué importa si el cielo cae en su estruendo?
Bondades y maldades excluyendo,
¿qué queda?: pues la nada y ¡me condona!

La mutación (de cómo el gusano se transformó en mariposa)

Llegas a mí en un carruaje movido por delfines,
salpicando las olas de mi último ocaso.
Los flamingos que salen a mi encuentro
desde tus flameantes y turbadores ojos
son cuchillos de azafrán,
y desde tu ingenua boca, las palabras semejantes a orquídeas metalizadas
me confunden,
y tal como la baba asoleándose en el infame sol de mediodía
quedo paralizado, tan inmovilizado como si me hubiera tragado
a un temblador vivo.

Entonces, al igual que el animal herido
-siempre a la defensiva-
que ataca a quien intenta curarlo,
te lanzo mis "tequieros" como si fueran puñales,
y tú, cándida, inocente, incauta,
no percibes la filosa aspereza de mi lengua
semejante a papel lija, hinchada, hiriente, mordaz.

Alegre y alocada
(como cardumen de sardinas ya dentro de la atarraya)
te abalanzas a mis brazos,
y te guindas de mi nuca
como si ésta fuera tu última esperanza.
Y yo, con una mano sobre tu seno y la otra mano sobre tu nalga,
sonrío malicioso, asechante, aun cuando mi corazón gime...

Me besas, como colibrí aleteando mientras sorbe el néctar de las flores.
Te beso, como insecto caído en las fauces de una drosera.
Y de pronto, súbitamente
tiembla el suelo bajo mis pies
y se abre el cielo sobre mi cabeza,
y miríadas de ángeles bajan, arpeando sus coros celestiales,
trompeteando triunfantes, baladas de amor indestructible,
por ti, para ti.

El gusano -o sea yo-
se ha hecho crisálida
y la crisálida se ha transformado en mariposa.

Gano confianza rápidamente:
Primero, la confianza del cunaguaro que ha abatido a su presa.
Después, la confianza del gavilán en su noble y alto vuelo.
Finalmente, la confianza del Catatumbo, de sus eternos resplandores.
Y me siento más hombre,
más macho, más viril, más varonil, más auténtico, más sensible, más amable.

¿Cómo consigue el amor cambiar la tormenta en arco iris?

No lo sé, solo sé que lo consigue

La luz

Torbellinos interiores en conflicto:
litigios hay en todo ser viviente,
¿conocerme a fondo?: ¡Imposible!

Sólo Dios me conoce plenamente.

Desiertos sin lloviznas, paludes sin orillas,
selvas intrincadas y una eternidad de soledades
acechan invisibles, desde el centro de las almas.

Pero hay una luz, la fe, la esperanza
y una eternidad desconocida e innegable
Las hordas del pasado son oscuras,
intrincadas y furiosas;
pero, ¿qué poder tienen ante el Amor de Dios?

Los ejércitos fantasmales de vidas anteriores
sitian corazones, saquean aspiraciones, sabotean intenciones,
pero carecen de poder ante la luz Divina.

Hoy (lucy)

Hoy
solamente hoy,
justamente hoy
estoy
borracho de impertinencias,
estoy
beodo de hostilidades,
alcoholizado ad extremus
de chismografía barata.

Por eso
hoy
solamente hoy,
justamente hoy
quiero vestirme de australopiteco
para no entender
o para entender nada.

Lucy
graciosa Lucy,
preciosa Lucy
ven a mí;
salvaje, peluda y resplandeciente,
a devolverme mi forma primordial y primigenia
de macho adusto e instintivo;
quiero de vuelta mis afilados y largos incisivos,
y mi pelaje alfombrado.

Me comeré el continente
de un sólo bocado;
aunque me quede atragantado....

Fractales

Fractal presencia,
desordenada
en las postrimerías de la nada,
elucubrando inmoralidades
en escenarios laberínticos
y estridentes.

Fractal conciencia,
desubicada
en las designaciones de la nada,
reeditando vocabularios
en versificaciones imposibles
e incongruentes.

Fractal ausencia,
estatizada
en las inmensidades de la nada,
reinventando obscuridades
en impiedades tenebrosas
e intolerantes.

Fractal paciencia,
desorbitada
en las ambigüedades de la nada,
siempre asechando, siempre ocultada
entre solemnes vanidades
despotricadas.

Extremos apocalípticos.

En un forcejeo inadmisible
se han convertido las neuronas...


Bailes astrales sobre limbos verdeados
con luces titilantes de fragua y discoteca,
se eximen de un rigor beligerante;
casi ambulante...
deambulante y vagabundo...


Taciturno;
en los más recónditos rincones del nocturno
ánimus, un mensajero
trajo hasta mí el secreto de las eras virginales,
el arcano de edades primigenias:
un trozo de big-bang
y su singularidad gravitatoria.


El todo lo tengo celosamente celado
dentro del escaparate;
en el bolsillo morboso de un blue-jean
manchado de coca-cola.


Lo devolveré al infinito
cuando se desvanezca el último mito
intransigente
de nuestra mente.



Hasta entonces: ¡nadie conocerá mi apocalipsis!

Estos sentimientos encontrados.

Estos sentimientos encontrados,
atascados en el fondo de mi alma,
aturdidos, facultados para la más hórrida pasión;
vienen de infiernos escondidos
en los abismos más profundos de la mente.


Vienen tal vez de acometidas olvidadas
en encarnaciones pasadas,
de torturas evidentes
en las páginas de historia,
de batallas inclementes
y de vándalas andanzas remembradas;
o quizás de la genética enmohecida
en el incesto primordial de nuestra especie.


Todos tenemos las mismas mitocondrias
evidencia irrefutable de aquel incesto original.

Pero eso no es lo que pretendo acotar
en realidad, nada más deseo iluminar
ese plomo radioactivo y despoblado
de mi alma muda e incoherente
(a veces)
y esas ganas impacientes de dañar
lo impoluto, lo puro y lo nítido.



A veces quisiera destrozarlo todo
envenenarlo todo, ensuciarlo todo.
A veces quisiera explotarlo todo
en una explosión termonuclear
que no deje esperanzas inútiles
de vida.


A veces me horrorizo al enfrentarme
a mi mismidad desconocida,
a mi sombra, a Mr. Hide.



Tal vez esto nada tenga que ver
con cantos trovadores
con liras y sonetos,
con poemas de rigor
pero tenía que decirlo
aunque no sé bien qué quiero decir.


Espera eternizada en la apatía...

Las dudas
agrietan mis palabras,
dejando entrever las telarañas
de mi ocaso ensangrentado,
en el cielo infernal de mi espinazo.

Los miedos
atrapan mi garganta,
silenciando los chillidos vehementes
que me ahogan y me asfixian,
clavándome a la cruz de un silencio manifiesto.

El valor no vale nada
ante el ímpetu furibundo
de ataúdes
y de fosas sempiternas,
majestuosas.

Un silencio de dagas y de féretros
anula mis arcanos y secretos
y escondites infrahumanos;
mientras todos los vocablos;
destituidos por las hordas de la culpa,
la vergüenza y el terror,
aúllan impotentes,
ininteligibles,
dinámicos y subversivos,
a la espera del desgaste de las horcas,
los grilletes, las cadenas.

Espera eternizada en la apatía
del espectro de una muerte
cada vez más soberana.

Esparavel dorado.

Desde la risotada sarcástica
de un payaso malintencionado,
dimanan ácidos y solventes.

Un esparavel de hilos de oro
ha atrapado todas mis emociones.
¿Quién lo habrá abalanzado
sobre mi ánima fluida
y corriente?

Mi lengua es una suela sucia,
mi mano es una hojilla mellada,
mi aliento es de óxido nitroso,
mi respiro es de gas mostaza.

Y mi pierna
es un martillo neumático.

Entre brujas y vampiros (ovillejo)

¿Qué obliga a que me desangre?
La sangre.


¿Qué hace mis días añejos?
Espejos.


¿Con qué cambiará mi suerte?
La muerte.


Por eso me siento fuerte
entre brujas y vampiros,
pues siempre cambian sus giros
la sangre, espejos, la muerte.

En las profundidadea abisales.

En las profundidades abisales
de las almas desoladas,
reposan deseos inconclusos
a la espera de un estremecimiento,
para volcarse irreverentes
contra el mundo y sus desplantes
de peonía.

En las hondonadas abismales
de las mentes desahuciadas,
rebosan paisajes muy obtusos,
de muestras de desmerecimiento,
en las amañadas corrientes
de tragedias, terrores e implantes
de agonía.

La defunción írrita de fantasmales
vocablos; y palabras obliteradas
ha plagado de sentires confusos
el altar de las victorias incoherentes,
pletóricas de fanatismos amantes
de jauría.

Y ahora, la pírrica venganza que se asoma
y el frenesí de sangres deliciosamente derramadas
han ultrajado muchos gestos de unidad involuntaria.

Me pregunto el epitafio del silencio,
¿qué pregona?;
¿qué se esconde tras la lujuria de un disenso escandaloso?
¿Qué se guarda en la licencia furibunda de chacales adiestrados?
Y no hallo respuesta alguna
más que el silencio de las piedras...

En este silencio inconsecuente

En este silencio inconsecuente
navego a altas horas de la noche
y encuentro la deriva ociosamente
entre atajos de rimas en derroche.

Me hallo ensimismado y taciturno
callado, silencioso y musical
y pienso, solo pienso en el nocturno
preámbulo a la vida intelectual.

No sé, tal vez me pierda en novedades,
tal vez mi sueño no quiera apaciguar,
tal vez no quiera afrontar las verdades

que velan los recuerdos de metal,
en esta hojalata cadenciosa
cubriendo en la distancia lo irreal.

Tal vez soy sólo un alma estrepitosa

fingiéndose muda, sorda y ciega;
la vida se me aferra dolorosa,
la vida se me afinca y se me pega.

La vida, que habría de ser jubilosa
extiende sus espinas al amparo
de cierta silueta algodonada...
de cierto sueño que me costó caro.

Azotes de recuerdos algo avaros,
azotes de memorias perpetuadas,
¡dejadme escoger mi propio sino!

Recorro en silencio los caminos
andados, desandados, carcomidos
en este silencio adormecido.

Emociones.

Estas emociones que parecen guillotinas
o enormes caribes de mordida feroz,
estas emociones tormentosas y atormentadas
que nos asechan sigilosas como depredadoras,
están ocultas en la oscuridad del silencio
hasta que atacan sin piedad.

Así es cómo hacemos lo que no queremos hacer,
así es cómo nos desconocemos,
sin comprender,
sin comprendernos.

Estas emociones bandidas;
escondidas
Dios sabe donde,
nos impelen al delito,
nos empujan al desorden,
nos impulsan sin tregua
a comportamientos inhumanos.

Y luego están las otras, las sublimes,
las que nos hacen más humanos.

Lástima que ambas anden de la mano.

El huraño

Más engaño
que se vierte sobre pieles ya callosas
no hace daño...

No hace daño
al huraño
otra bronca, otra pelea, otra salida,
ni siquiera le hace daño la embestida
de palabras insensatas e insultantes...

Ni siquiera le hace daño la enconada
diligencia de pasiones almizcleras
en la vera
de memorias movedizas emboscadas
por la armada
de tu tez desmesurada

¡casi nada!

El dolor que camina (otra versión)

Este dolor que camina
es un silencio de daga,
es un susurro de espina,
que se adhiere como plaga
a mi piel blanquecina.

Este dolor que camina
sin descanso ni reposo;
es la vida clandestina
dentro del fondo de un pozo
que está lleno de creolina.

Es un gigante oprobioso,
es un cometa candente
que se estrella irreverente
sobre un planeta glorioso,
trocándolo en espinoso.

Es el misterio sombrío
de un silencioso estallido,
es el desierto en un nido
que está sembrado de frío;
es vega seca de un río.

Este dolor que atesoro
como si fuera dorado
es la ofensa del decoro,
es decoro maniatado
por un astuto soldado.

Es un error consumido
por la llama de la historia,
es la palabra notoria
que no conoce el olvido:
es el recuerdo perdido.

Es acaso el grito ausente
de aquél que nace dormido,
o es el llanto inconsecuente
del bebé recién nacido
que ya nace perseguido.

Es tal vez la alba simiente
de todo lo extrovertido,
o quizá lo introvertido
que se apoya en lo inclemente,
desconsideradamente.



Es el surco de la corriente,
el aluvión consumado
que; fiero, se ha desatado
arrasando con la gente
tan intempestivamente.

Es un enjambre de dardos
en continente extraviado,
es un plantío de cardos
en un terreno salado,
por mosquitos salpicado.

Es un ondear de bandera
en un campo de batalla.
Es una enorme muralla
sometiéndose a una acera,
descarada e insincera.

Es la escopeta malvada
en las manos de un infante,
es la sonrisa arrasada
por el infierno de Dante
bajo lluvias de diamante.

Es la prisión que atenaza
a todo sueño prohibido.
Es volar hacia el olvido;
saltando de una terraza
que la emoción despedaza.

Es engaño amenazante
este dolor comediante
que se ensaña conmigo...
que deambula conmigo
cual fuera mejor amigo
aunque se que es mi enemigo.

Este dolor contamina,
este dolor incinera.
Este dolor es la vera
de la esperanza asesina.

Divago

Embriagado en medio del desierto estivo
confronto mi pasado y mi presente,
de nada sirve allanar la mente
si todo lo que ansío aún está vivo.

De nada sirve saltar hacia el olvido
llorar, gemir, gimotear berreando
si todo lo que ahora estoy obrando
se ancla firme a un pasado altivo.

La vida me sabe casi a muerte
la muerte me sabe casi a nada,
divago escalando una explanada
de vago humor, dolor y ¿suerte?...

Desenlace.

Arcanos
sangrientos,
sanguinarios,
remembranzas de ejecuciones
de palabras necesarias,
toreándose insensibles
a través de fraudulentos vórtices
de despiadada resolución.

Las guillotinas y las horcas
bailan sus danzas macabras
tratando de seducir pelotones de fusilamiento.

El pasado
manchado
de sadismo puro y genuino,
arremete contra el presente
repitiendo fórmulas maquiavélicas;
maquinando desenlaces histriónicos
a través de actores funestos
que intentan trocar en circos romanos
toda comarca, toda ciudadela.

La guerra dejó de ser política de estado,
es ahora el pasatiempo favorito de algunos
que disfrutan de cuerpos desmembrados,
rostros lacerados en expresiones de terror
e ingenuidades empaladas como pinchos.

¿Es que hay algo más oscuro que el suicidio?.

Se nos suicida la humanidad
galopando olas infernales,
bañándose en azufre y elementos radioactivos,
son jirones del futuro
mostrando su inercia totalitaria
en el costado más dañado
de este rincón del universo.

Los demonios centrífugos, soberbios y altaneros
tienen la próxima movida
en un ajedrez polucionado
en que todos recibimos jaque mate,
hasta los que se niegan a jugar
en este fúnebre y mortuorio desenlace.

Delirios

Alfombras celestes sobre mis delirios
bajo bóvedas estelares inocentes,
amén de brujas y hechiceras,
amén de hadas y sirenas,
nada hay que sea más real
que la verdad a todos oculta
de un universo multidimensional
en el que tan sólo observamos tres,
digo; nada mas tres dimensiones.

¿Como sería tu rostro de madriguera
visto en escalas astrales?
¿Cómo sería tu pubis florido
visto en planos inusuales?.

¿Cómo eres realmente?
¿Cómo me verías a mi?
¿Cómo soy yo?
Escondido en los rincones ocultos
de paisajes inaccesibles,
desde tus muslos me río de sociedades
y de la quintaesencia del "Status Quo".

Desde tus sienes me apaciguo
en tus cabellos navego imperfecto y dinámico
buscando el puerto ancestral y perpetuo
en que las naos nunca se hunden
por mas que naveguen....

Creencias infames.

He eliminado de mi mente
un sin número de creencias
perniciosas y malévolas,
infiltradas en mi subconsciente
sin ningún consentimiento
y sin mi aprobación.

Sin embargo,
aun persisten algunas de ellas,
aferradas a mi alma,
disfrazadas de verdades,
de proverbios, de refranes,
motivando comportamientos
inicuos, intolerables, indomeñables;
más fuertes que yo.

Mi lado oscuro
no es más que un cúmulo
de opiniones nefastas
que me fueron impuestas
por la sociedad.

Las asecharé,
las emboscaré
y las destruiré
a todas ellas;
creencias infames,
para siempre.

Borrasca intrépida y maloliente.

Borrasca intrépida y maloliente
surge de la nada
y sube hasta la aurora
empapándose de gotas de furia petrolera.

Los modernos impedidos
hacen cola ante un manglar de infortunios
y nuevos plenilunios
se opacan lentamente,
dejando entrever obscuridades y vacíos
de la mente.

La monstruosidad es elegante,
incluso hermosa en la punta de un pincel de artista.
Y es que
hasta lo más horrendo tiene piel de gallina,
y corazón y efluvios de cantina...

Auto encierro

He crecido entre hienas y chacales,
en un zoológico de insensibles fieras;
como en un circo
sin domadores,
pero eso sí,
pletórico de feroces depredadores.

He vivido arropándome únicamente
con la duda y el miedo;
a causa de una guerra mundial superada,
pero todavía presente, en mis padres,
en sus temerosas miradas.

Me he paseado inútilmente
en un carrusel de círculos viciosos,
en busca de un amor incondicional
fantasmagórico y fabulesco.

He hallado tesoros subconscientes y surrealistas,
para luego extraviarlos
en callejuelas y callejones
de obscuridad aplastante.

La obscenidad del aburrimiento;
propio de una soledad auto impuesta,
sólo es superada
por la grotesca cobardía
que me encierra en este cuarto...
voluntariamente.

Ausencia de luz

En el aire enrarecido, humaredas pendencieras
fraguan desilusiones. Solo una quimera
desdibuja mil corazones,
y los monstruos legendarios no atormentan mas que a los infantes
o a los tiernos amantes

Dragones despiadados desde las mazmorras del subconsciente
sitian los últimos vestigios de bondad
y el amor aun presente
clama por la maldad
que no es mas que enfermedad
de las almas heridas.

Por la ausencia
de desconocidas intenciones,
toda congruencia
se troca en desmedidas ilusiones
fatigantes y mundanas.

No tengo ganas
de entretejer más atarrayas
con qué pescar pasiones.
Llámenme perezoso
pero el oso hiberna
para recuperar fuerzas
y dar luego nueva batalla.

Seremos guerreros luminosos
venciendo las tinieblas
de nuestros corazones.

Cuando comprendamos que la obscuridad tan sólo es ausencia de luz.

Aprender a odiar

Aprender a odiar
con cada centímetro de la piel,
con cada célula del cuerpo,
con cada micra del alma.

Aprender a odiar
a tal punto
que el resentimiento empuñe el fusil
junto a tus manos,
que tu mirada sea enjambre de saetas venenosas,
que tu expresión sea la misma de la muerte,
del demonio, de la agresión y del horror,
que tus músculos tensos
estén siempre listos a la acción
repugnante y homicida.


Aprender a odiar
con cara de cañón,
disparando improperios,
preparando la embestida
sin detenerse a preguntar
quién es o cuántos años
tiene el enemigo...

Aprender a odiar
inutilizando las neuronas,
desconectando la sensibilidad,
la humildad y la empatía,
haciendo de cada uno de nosotros
fábricas de cadáveres en serie.


Alienarse de las causas de la vida
para abrazar las causas del rencor
más profundo y hostil.
Llenar pues el "yo" de laberintos,
de desiertos sin salida,
de miserias y desplantes,
desmanes y deseos de venganza
contra todo y contra todos,
porque si no sabes odiar
tampoco eres capaz de matar
matar
matar
matar...

Apatía

Hoy quiero desahogarme de esta apatía lujuriosa y rebelde.
Hoy quiero desatar este silencio de incongruencias
y retóricas contradicciones.
Es que este idílico infierno entre yo y mi apatía;
este desquiciante vaivén de rutas perdidas
hacia pesadillas reprimidas y enfangadas en el olvido del cobarde,
es todo lo que queda de aventuras desgastadas
por la corrosión del desgano...


¿Es acaso el miedo a vivir; esta apatía?
¿Es tal vez la vida ajena encaramada al hombro
cual cruz subliminal y despernante?
¿Es quizá el miedo al rechazo; al qué dirán
una vez que viva según mis más íntimas,
sinceras, y auténticas aspiraciones y convicciones?...


Vivir la vida que supongo yo que otros quieren que viva...
es como engullir veneno creyendo erróneamente
que algún Doctor le dice Medicina...

Disculpen ustedes por este abuso neurótico
y enfadado, de un instante que se eterniza en el dolor
de la apatía...

A veces quisiera ser autista
A veces me siento autista...
A veces me encierro en un autismo conciente y voluntario...
Para ya no ver ni escuchar al mundo...


Disculpen de nuevo esta grosería de palabrerías sin fundamento
como la apatía, sin fundamento
Y aún así
¡tan imbatible!

Alegorías oníricas.

Un cable roído por ratas
que habitan el vientre de un cadáver
maloliente y nauseabundo.

Una montaña rusa que serpentea
su mezcla de horror y gozo
entre gritos, risas y llantos.

Un cerdo con complejo de hombre
y cola de serpiente, tragándose un venado
con cara de charco y aliento de pocilga.

Una copa vacía mordida por un vino
que se derrama desde lo alto de una nube
metálica y espinosa.

El pan se transforma en trigo,
la arepa regresa al maíz,
el hombre quiere ser simio
el simio se disfraza de coacervado.

Y el hambre se pone belicosa.

Adusta mismidad

Ahora sí enloquecí,
estoy; decididamente delirando.
Las endorfinas inundan mi cerebro
agitando mis neuronas en un cóctel de pensamientos anónimos y personales.
Escribo...pero ¿qué escribo?

Escribo la hojilla de la desesperada ausencia;
retórica y tajante, de palabras y oraciones
desvaneciéndose en un recuerdo vago e impreciso.

Escribo la atenazante mordaza
implacable y testaruda, que embiste la cultura
con improperios al asecho de emboscadas.

He sido elevado al firmamento,
he sido plebeyizado hasta la infamia.
Vergüenza y fama
he sido tantas millones de veces,
que ya me siento un ser antediluviano:
eternizado en el disgusto,
eternizado en la alegría,
eternizado en la nostalgia y la melancolía.

Me confundo con el látigo y la fusta;
me identifico con la correa y su tenebrosa hebilla,
cicatrices que palpitan su dolor añejo;
como vino efervescente presto a desangrarse
en la metáfora del vinagre.

Avinagrado, totalmente acetolado
y completamente vulnerable,
cedo a los caprichos endorfínicos
y me zambullo piel adentro
en los insondables misterios
de mi adusta mismidad.

Y descubro, vilmente
que soy tan solo
la alegoría de mí mismo,
nada más.